Por Juan Carlos Dumas, Ph.D.

En la agitada España de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la mayoría de los alimentos costaban “un realillo,” es decir, ocho cuartos de peseta. Cuando la crisis económica y la inflación comenzaron a dañar la estabilidad del país y seguidamente a sus colonias en América, se popularizó la frase: “¡Qué tres pesetas ni qué ocho cuartos!” –manifestación de enojo popular por la suba de precios en tanto los salarios permanecían estancados. Nada nuevo bajo el sol, ¿verdad?

En matemáticas, 8/4 siempre son dos, tales como 4/4 son uno. Ni más ni menos. En psicología, sin embargo, hay ilaciones sutiles que no se refieren a los numérico sino a la personalidad y hasta la neurología que la sostiene. Cuando visualizamos o escuchamos mencionar la fracción 8/4, eso suena mucho más que un simple y llano “2”. La fracción 8/4 sugiere un arco iris de opciones más rico que el número singular. Si tenemos ocho de algo, algunos con inclinación generosa ya piensan en repartir (la torta, el premio, el pan, el tiempo, lo que sea), en tanto la imagen mental del dos es unívoca, inseparable y menos distribuible. La personalidad mezquina prefiere esta versión numérica de las cosas ya que no la obliga a reflexionar acerca de si ha de repartir los 8/4 y cómo. La personalidad insegura también prefiere, o así por lo menos aquí lo es especulo, el dígito simple a la fracción ya que esta última la inquieta en su panoplia de opciones, elevando así su nivel de ansiedad.

En política ocurre algo similar. Decir “este es un gobierno terriblemente malo”, delictuoso o patético, reduce la gravedad del hecho comparado con un: “en este gobierno hay ocho personas detestables”, inhumanas o corruptas. Esto nos lleva a poner en el microscopio a un Trump descarado y sinvergüenza que pulveriza la seriedad de la investidura presidencial con el mismo desdén temerario con el que trata a las mujeres, a un John Bolton, asesor de política exterior tan pendenciero como retrógrado, que deseaba expulsar a la sede de las Naciones Unidas de la ciudad de Nueva York o del país entero, a una Betsy DeVos, billonaria ignorante de la educación pública que desea asfixiarla en beneficio del “curro” de las escuelas “chárter”, a un director de la E.P.A., la agencia de protección ambiental, Scott Pruitt, que no solo es un megalómano y malgastador del erario público sino que también que ha sido puesto en su lugar para abortar los esfuerzos de protección ambiental, etcétera, etcétera. Ya usted hace la cuenta que con estos 4/4 no hacemos un ser humano que valga la pena.

También puede el lector deducir dos cosas a partir de lo escrito: que a los psicólogos nos encanta complicar las cosas (es decir, hacer análisis) y que la actual administración en Washington está diseñada para desarmar, desunir y desmantelar lo logrado en nuestra historia fundacional y en nuestras más recientes y razonables administraciones.

¡Ay, América, qué Trumpismo ni qué ocho cuartos!

*Juan Carlos Dumas es psicoterapeuta, escritor y profesor de postgrado de la Universidad de Long Island. Consultor en Salud Mental para la Secretaría de Salud y Servicios Humanos, preside el Comité de Asesoramiento en Salud de North Manhattan y el Centro Hispano de Salud Mental en Jackson Heights, Queens.