Cristian Farinola
De Moscú al Teatro Colón, y ahora al frente del Valentina Kozlova International Ballet Competition (VKIBC) en Nueva York, Valentina Kozlova —quien compartió escenario con Maximiliano Guerra— celebró el cierre de la competencia internacional que reunió a jóvenes talentos de más de 25 países, donde el argentino Mateo Rodríguez recibió un reconocimiento especial.
La historia de Valentina Kozlova es la de una artista que transformó su pasión por la danza en una misión: abrir caminos para las nuevas generaciones de bailarines. Nacida en Moscú y formada en la prestigiosa Escuela del Bolshoi, Kozlova fue seleccionada entre 30.000 aspirantes y rápidamente ascendió a ser bailarina principal del Bolshoi Ballet en 1975.
“Desde muy joven soñaba con cambiar mi vida, sin saber exactamente cómo sería, pero convencida de que podía llevar mi sueño a la realidad. Siempre tuve determinación y disciplina interior. La educación y el entrenamiento del Bolshoi me dieron fuerza y confianza”, recuerda Valentina desde su oficina en el Upper East Side de Manhattan.
Su primer papel protagónico fue El lago de los cisnes, que estrenó en el Mariinski y poco después en el Bolshoi. “Me convertí en Principal en un tiempo relativamente corto. Fue una época dorada, con los bailarines más brillantes: técnica increíblemente expresiva, enfoques dramáticos e interpretaciones románticas”, recuerda.
La decisión de dejar la Unión Soviética fue difícil, pero Kozlova lo explica con claridad: “Fue como cambiar de universo. Emocionalmente fue muy duro, pero mi espíritu de lucha me ayudó a adaptarme a un nuevo estilo de vida y, sobre todo, al mundo de la danza.”
Encuentro con Maximiliano Guerra
En su relato, Kozlova recuerda con especial cariño el momento en que conoció al argentino Maximiliano Guerra: “Lo conocí en el English National Ballet. Yo había sido invitada como solista para El lago de los cisnes y mi partenaire estaba ausente. Max lo sustituyó, y le dije a la compañía que bailaría con él. En ese momento aún no era conocido, pero ya mostraba un gran talento.”
Con los años, bailaron juntos en Europa y finalmente en el Teatro Colón de Buenos Aires, durante la visita de la compañía de Novosibirsk con Espartaco y otros ballets clásicos. Ese encuentro selló un puente cultural entre Rusia y el Río de la Plata, que hoy se recuerda como un hito para la colectividad rioplatense.
El legado y la visión
El impacto del VKIBC es tangible: cientos de jóvenes han obtenido contratos en compañías internacionales, becas en escuelas de prestigio y premios que impulsan sus carreras. La edición 2026 se celebró en Nueva York entre el 17 y el 20 de marzo, culminando con una gala en el Kaye Playhouse el día 21. Allí, la japonesa Yuka Matsumoto obtuvo el Grand Prix, mientras que el argentino Mateo Rodríguez recibió un reconocimiento especial por su interpretación clásica de “El Quijote”.
“La formación rusa y de la Vaganova sigue siendo muy superior en los ballets clásicos, pero exponerse a diferentes estilos de danza ayuda a crecer como artista y, en consecuencia, también a interpretar mejor los clásicos”, resume Kozlova. Su mirada confirma que el VKIBC no solo premia la excelencia técnica, sino que impulsa a nuevas generaciones a expandir horizontes y a mantener vivo el legado de la danza en un escenario cada vez más diverso y global.
Con la consagración de Yuka Matsumoto como ganadora del Grand Prix y el reconocimiento especial al argentino Mateo Rodríguez, la edición 2026 del VKIBC reafirmó su carácter internacional y su compromiso con la excelencia. Bajo la conducción de Valentina Kozlova, el certamen se consolida como un puente cultural que une generaciones y continentes a través de la danza.
*Más información visite: www.vkibc.org