Luis Ríos-Álvarez
Hombre que buscas la paz,
asesinando en la tierra…
Hombre con H – Augusto Polo Campos (1932-2018)
Ya ha pasado la estación festiva correspondiente a la finalización del año calendario, se disipan los festejos y para muchos comienza “El Año Nuevo” con todo lo que ello conlleva, esperanzas de futuras bonanzas, mejorías de salud, comienzo de promesas que, como en años anteriores, quedarán en el debe posiblemente incumplidas y un sinfín de deseos, en su gran mayoría, de índole personal en que la esperanza es más real que la objetividad.
Seguramente todos esos buenos deseos que desparramamos en esta época se circunvalen en un pequeño grupo de nuestra intimidad, ¿Qué tal si abrimos los ojos y dedicamos unos momentos para reflexionar con lo que acontece en el mundo que compartimos?
Pero ¿qué está sucediendo más allá, fuera de nuestra órbita?
Para enterarnos de lo que está aconteciendo en otras partes del planeta, ya no es necesario viajar, basta con prender el televisor y aparecerán, en tiempo real, frente a nuestros ojos, las calamidades que están ocurriendo. No me estoy refiriendo a los acontecimientos climáticos específicamente, que son cada día más frecuentes y que los humanos tenemos la mayor parte de la culpa. Son los conflictos bélicos que parecen multiplicarse como hongos después de la lluvia. Religión, motivos económicos, ansias de poder, mentes obtusas al frente de gobiernos mayormente autoritarios, totalitarios o con ansia de expansión territorial y dominio económico.
Dependiendo de la metodología utilizada, hay actualmente alrededor de 60 enfrentamientos armados, el mayor número desde finalizada la Segunda Guerra, conflictos con poca esperanza de culminar en un proceso de paz real, más bien lo contrario, la situación se presenta tal como un tizón que aparentemente está apagado y una breve brisa es capaz de reavivarlo en hoguera devastadora, de la misma manera que las conversaciones de paz con toda su fanfarronería frente a las cámaras, serían irrisorias si no fuera por lo trágico de la situación de los pueblos envueltos. Estamos en el índice más bajo de resolución de conflictos de los últimos 50 años. Permitirles a los mayores productores de armamento bélico que se envuelvan en conversaciones de paz es como poner al zorro a cuidar el gallinero, para ellos, la paz no es buen negocio.
Nomás basta con revisar, por ejemplo, la diferencia en los porcentajes de gastos de los 32 países de la OTAN en materia militar y en educación donde, lamentablemente, se gasta más en armamento que en libros. Si profundizamos aun más en otras regiones donde el pueblo tiene poca o nula incidencia en la elección de sus gobernantes, la diferencia se vuelve abismal. Mientras que la paz mundial disminuye, muchos países aumentan su estado de prontitud militar ante cualquier posible evento que los pueda involucrar debido a la creciente tensión geopolítica y el resquebrajamiento de otrora alianzas históricas que servían para consolidar los principios sobre los cuales se establecían.
Si nuestra esperanza es la paz mundial, necesitamos que una ráfaga de sensatez caiga sobre los responsables de esta actitud belicista, adeptos de la guerra sin sentido como única solución para resolver disputas que lo único que hace es cercenar vidas y futuros de una generación que, técnicamente tiene todo al alcance de la mano para triunfar y conseguir excelentes resultados para sus congéneres, pero, imposible de conseguir cuando las bombas estallan a su lado y destruyen hogares y familias.
La historia no es solamente aprender de la antigüedad, aprendiendo del pasado podemos evitar que los atroces eventos, como situaciones de guerras se vuelvan a repetir reconociendo los síntomas que precedieron a las situaciones de crisis.
Año tras año, nuestro deseo, nuestro quimérico y soñador mensaje, como pequeña semilla anhelando que brote ha sido y será, todavía en vano, pero con el optimismo de que crezca y se cumpla en un futuro no muy lejano ¡PAZ EN EL MUNDO!