Victoria Hidalgo

En el mes dedicado a la Madre Tierra recordamos algo profundo y sencillo a la vez: somos parte de la naturaleza. No estamos separados de ella. La tierra que pisamos, el agua que nos limpia, el aire que respiramos y el fuego que nos da calor también viven dentro de nosotros.

Desde tiempos antiguos, la mujer ha tenido una conexión especial con la naturaleza. Su capacidad de cuidar, nutrir y sostener la vida refleja el mismo movimiento de la Tierra que constantemente crea, transforma y renueva. Cuando una mujer vuelve a conectarse con la naturaleza, también se reconecta con su propia esencia.

Hoy, en medio de la prisa, el ruido y la constante conexión a la tecnología, muchas veces olvidamos esa relación sagrada. Sin embargo, la naturaleza siempre está disponible para recibirnos, sostenernos y ayudarnos a sanar.

Enraizarnos significa recordar que pertenecemos a la Tierra. Una forma sencilla de hacerlo es caminar descalzos sobre el pasto, la arena o la tierra. Este contacto directo ayuda a liberar tensiones, equilibrar nuestra energía y traer calma al cuerpo y a la mente.

También podemos simplemente sentarnos en silencio en un parque, en el jardín o cerca de un árbol. Respirar profundamente y sentir que nuestro cuerpo se relaja mientras la Tierra nos sostiene.

El agua es un elemento profundamente sanador. Bañarnos en agua con sal —ya sea en el mar o en casa con sal marina— puede ser un acto simbólico y energético de limpieza y renovación.

Imagina ese momento como un renacer: el agua se lleva lo que pesa, lo que ya cumplió su ciclo, y nos permite salir con una energía más ligera, más clara.

Los árboles son maestros silenciosos. Permanecen firmes, conectados al cielo y a la tierra al mismo tiempo. Abrazar un árbol puede parecer un gesto simple, pero muchas personas sienten una profunda calma al hacerlo.

Cuando abrazamos un árbol, nuestro ritmo se desacelera, nuestra respiración se vuelve más profunda y recordamos algo esencial: la naturaleza siempre está viva, y nosotros somos parte de ella.

Nuestras mascotas también forman parte de esta conexión con la naturaleza. Los perros, por ejemplo, tienen una capacidad maravillosa para vivir en el momento presente. No están preocupados por el pasado ni ansiosos por el futuro.
Cuando caminamos con ellos, jugamos o simplemente los observamos descansar al sol, aprendemos a desacelerar. Ellos nos recuerdan la importancia de disfrutar lo simple: un paseo, el viento, el contacto con la tierra.

Parte de reconectar con la naturaleza también implica desconectarnos por momentos de la tecnología. Apagar el teléfono durante una caminata, observar el cielo, escuchar el sonido del viento o de los pájaros… son pequeños actos que nos devuelven a un estado de presencia.

La naturaleza no exige nada, solo nos invita a recordar quiénes somos realmente.

Honrar a la Madre Tierra es también honrarnos a nosotros mismos. Cada vez que caminamos en la naturaleza, abrazamos un árbol, sentimos el agua en nuestro cuerpo o compartimos un momento con nuestras mascotas, estamos restaurando un vínculo sagrado.

La Tierra siempre nos ofrece sus recursos para sanar, equilibrarnos y volver a nuestro centro.

Quizás el verdadero regalo de la naturaleza es recordarnos que la paz, la sabiduría y la sanación ya viven dentro de nosotros. Solo necesitamos detenernos, respirar… y volver a la, Ser uno con ella.

Maestro Zoly Emmiel de la Formación Zolemgeh Estrella
Coach ANGELICAL de Vida
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