Luis Ríos-Álvarez

Las Trece Colonias (Massachusetts, Nuevo Hampshire, Rhode Island, Connecticut, Nueva York, Pensilvania, Nueva Jersey, Delaware, Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia) eran un grupo de colonias británicas en la costa atlántica de lo que es hoy la Unión Americana.

Si bien en el año 1580 la reina Isabel I adjudicó a Humprey Gilbert la autoridad para comenzar la colonización de nuevas tierras, las colonias recién fueron establecidas entre 1607 y 1732 hasta que declararon su independencia de la Corona Británica el 2 de julio de 1776, ratificada, formalmente, dos días después en Filadelfia por el Congreso Continental siendo, finalmente, ratificada por el Tratado de París de 1783, donde Gran Bretaña reconoció su independencia.

Las colonias eran entidades cuasi autónomas que colaboraban en lo referente a programas de orden político, legal y cultural similares, con un alto grado de autonomía local. Originalmente fueron establecidas, en su mayoría, por colonos ingleses descontentos o perseguidos por razones religiosas. Hubo más inmigración de otros países europeos que también establecieron asentamientos, pero, eventualmente, fueron absorbidos por las 13. En el extremo sur, España en Florida y Francia en Luisiana tenían presencia, pero no interactuaban con las provincias coloniales británicas.

Ya desde su génesis, la Unión Americana fue un centro viral de inmigración. De inmigración y, hasta podríamos decir, de discriminación, ya que los habitantes originales fueron desplazados de sus tierras por los colonizadores. Y, lamentable y paradójicamente, debido a su éxito económico, se estableció en las colonias del sur, grandes productoras de algodón y tabaco, el infame comercio de esclavos.

En 1565, los españoles fundaron San Agustín (St. Augustine), la ciudad más antigua de los Estados Unidos continental fundada por europeos y habitada de forma ininterrumpida hasta la actualidad. Un año después fue incendiada y posteriormente relocalizada a su actual emplazamiento.

Para su defensa establecieron el fuerte Gracia Real de Santa Teresa de Mose, comúnmente conocido como Fuerte Mose, que tuvo la particularidad de servir de refugio a esclavos que lograban escapar de sus cautiverios y, si se convertían al catolicismo y servían cuatro años en el ejército español según un Decreto Real promulgado por el soberano español Carlos II, serían premiados con tierras y, fundamentalmente, conseguían la preciada libertad.

En San Agustín, en el año 1606, anterior a la llegada de los barcos con colonos provenientes de Gran Bretaña y de la fundación de Jamestown, la primera colonia inglesa establecida en territorio americano, se documenta el primer certificado bautismal de un bebé negro nacido en la nación, su nombre Agustín.

Economía, religión y comercio fueron los incentivos naturales que indujo a los colonos a atravesar el Océano Atlántico en busca de oportunidades. La corte de Jacobo I fomentó la colonización a través de compañías comerciales, intentando expandir su influencia en la joven América.

Si bien las Colonias tenían dependencia de la Corona británica, gozaban de autonomía política y elecciones locales. Tanto como ahora el descontento con el gobierno por el cobro de impuestos sin tener poder de decisión para la mejor forma de inversión para sus intereses provocaron tensión en las relaciones de las Colonias con la Corona.

Las controversias llegaron a su punto de ebullición en 1770 luego de la Masacre de Boston, donde 5 personas fueron asesinadas por soldados británicos y algunos manifestantes heridos. Se considera que este incidente marcó el punto de partida de la Revolución por la Independencia Americana.

Las acciones bélicas duraron relativamente poco, aunque un día de muertes injustas es demasiado, Con la ayuda de Francia y España, con la población indígena repartida para ambos bandos, se llegó, finalmente, a la firma de la Declaración de Independencia.

La Revolución Americana dio pie para que los movimientos revolucionarios franceses e hispanoamericanos dieran forma a sus respectivas luchas independentistas.

Este 4 de julio cuando estemos degustando de una rica parrillada y disfrutando de los tradicionales fuegos artificiales, quizás nos podamos asomar a la ventana de la historia y recordar que la libertad, no es un privilegio, la libertad es un derecho que nos pertenece a todos y lo que hace fuerte a este país es la diversidad cultural.