
Luis Ríos-Álvarez
Del lat. amor, -ōris.
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.
5. f. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.
En este mes en que se “festeja” el día del amor, millones de tarjetas, flores, peluches y cenas románticas son una prueba de ese sentimiento… ¿O no?
Primero deberíamos definir que es el amor, ¿Es un sentimiento? ¿Una atracción? ¿Es algo físico? ¿Es mental?
Definiéndolo con simpleza, paradójicamente, es algo complejo con diferentes componentes que, dependiendo de la persona, se puede sentir en la mente, en el corazón o en las vísceras, tanto por separado como al unísono.
Sus ingredientes suelen ser una combinación de emociones y comportamientos hacia uno mismo o hacia otras personas.
Pero, si indagamos más en profundidad, comprobamos que es un sentimiento que presenta una variedad de facetas y se vuelve algo más complejo haciéndolo un ingrediente muy importante en nuestras vidas al alimentar relaciones que nos conectan con el objeto amado.
Desde el punto de vista de la perspectiva sicológica, el amor se percibe, en general, como un cúmulo de emociones mayormente positivas.
Si intentamos analizarlo desde una perspectiva biológica: los neurotransmisores tales como dopamina, oxitocina y serotonina, son liberados produciendo sensaciones de regocijo, afecto y conexión.
Al enfocarlo desde una mirada filosófica, varía desde el punto de vista personal a través del tiempo y diferentes culturas: Amor romántico, combina atracción física, intimidad emocional y compromiso; Amor platónico, se basa en la conexión emocional sin implicar deseo sexual; Amor propio, se refiere al respeto y cuidado hacia uno mismo como base de la salud emocional y relaciones sanas.
El amor no se puede considerar un hecho aislado en nuestro interior, en él intervienen acciones y reacciones que implican al cerebro, al corazón y a la mente, es decir, todos los sentidos se involucran en este proceso con la finalidad de interactuar con excitación intentando fomentar una relación de sentimientos recíprocos.
Sintetizando, es un acontecimiento con diversos componentes, tales que provengan de la mente o de la parte somática de nuestro ser que, combinados, favorecen esa sensación agradable que disfrutamos al sentirnos enamorados, cimentando las relaciones con el entorno.
¿Es, entonces, perfecto el amor para las relaciones entre humanos, países, diferentes grupos étnicos, etc.? La simple respuesta es: ¡Ojalá!
Tres cuartas partes de la población mundial tiene algún tipo de creencia religiosa y todas ellas tienen, en sus mandamientos, puntos comunes que, entre otros, predican el amor al prójimo. Sin embargo, la religión es culpable, pasiva o activa, desde tiempos inmemoriales, de gran cantidad de los conflictos ocurridos a lo largo de la historia de la humanidad, que van en desmedro de sus propias creencias.
¿Debemos culpar a la religión? No necesariamente, los sistemas, en general, son apropiados, los que fallan, siempre, absolutamente, son los seres humanos que, a partir de la falta de honradez moral de los dirigentes, religiosos o políticos, para con su propio ideario tanto como para los correligionarios y congéneres, fallan estrepitosamente en la aplicación de los cánones respectivos, acomodándolos para su propio bienestar y beneficios.
Millones de tarjetas quedarán descoloridas, las flores marchitarán, los peluches envejecerán y las cenas románticas quedarán en el olvido porque el amor no es algo de un día. Idealizándolo, debería ser algo eterno, dinámico y positivamente evolutivo, pero, dadas las circunstancias que estamos viviendo en este mundo nuestro, que tanto maltratamos, parecería que el odio, la animadversión, la codicia, los resentimientos, la falta de entendimiento, la inquina, están ganando terreno a pasos agigantados.
No hemos pretendido en estas líneas hacer un compendio intensivo sobre el amor, simplemente, con la comprensión e indulgencia de los amables lectores, garabatear en el papel una idea alocada que fluyó a borbotones sin orden ni permiso.
¡El amor esté siempre con vosotros!















