por Juan Carlos Dumas, PhD*
Todos los años, en los cuatro días que culminan con la celebración del Día del Trabajo en los Estados Unidos, esto es, el primer lunes de septiembre, la nación algonquina Shinnecock realiza una de las reuniones tribales más importantes de este país: el Powwow, en su histórica reserva de Southampton, al este de Long Island en Nueva York. La nación Shinnecock, que en lengua Narragansett significa “pueblo de la costa pedregosa”, ha venido habitando en la región, dicen los historiadores, por siete y hasta 10.000 años. Es una de las pocas que no ha sido desplazada a otras regiones del país, como aconteciera con tantas otras naciones indígenas o pueblos nativos que moraban en Norteamérica. En esta misma lengua Narragansett, el powwow se refería a un curandero o líder espiritual, pero luego, con la llegada de los europeos, la utilizaron para indicar una junta o reunión de chamanes o de médicos tradicionales y más tarde una asamblea de nativos. Hoy en día es esto, una reunión anual intertribal que celebra la conexión de los pueblos indígenas a través de ceremonias, cantos y danzas de magnífico color y en la cual están invitados todas las personas que quieran participar de ella.
La nación Shinnecock se ha caracterizado por dos habilidades especiales. Una de ellas es la caza de la ballena, misma que realizaron por miles de años desde antes de la llegada de los blancos, cuando surgió una poderosa industria en el siglo XVIII, desarrollada en varios pueblos de la costa que son aún identificables por su denominación de puerto, fondeadero o caleta, como Sag Harbor o Cold Spring Harbor. Sus habilidades como arponeros llevaron a que los holandeses y luego los ingleses los contrataran como capitanes, arponeros y marineros de esta industria hoy fallecida, mejor dicho, transformada en horrendos buques-factoría que matan a las ballenas en alta mar y las descuartizan de inmediato en su dentro. La ballena para la comunidad Shinnecock es un animal mítico y sagrado vinculada a la creación del mundo o del universo, como también lo es para los nativos Inuit de Canadá, Alaska y Groenlandia, para los Maoríes de Nueva Zelanda y para los Tehuelches o aonikenk que habitan en la Patagonia Argentina, hoy casi extintos.
La otra habilidad extraordinaria de esta comunidad es la creación de los Wampum, en su idioma algonquino, una hilera de cuentas de conchas de almejas y de caracoles que ha utilizado esta etnia milenariamente para relatar de manera simbólica, estética y gráfica, historias familiares o grupales, ceremonias religiosas, y para escribir tratados y documentos de valor legal con otras comunidades indígenas y más tarde con los blancos. Estos cinturones de conchas entretejidas con tendones de ciervos o alces se han usado por centurias. Recordarán ustedes, similarmente, el uso de Kipus por las comunidades andinas y en especial el Imperio Inca: un lenguaje sin alfabeto que registraba eventos y contabilizaba cifras a través de nudos de distinto tamaño, color y ubicación, penosamente destruidos por los conquistadores españoles del siglo XVI por considerarlos sacrílegos o demoníacos.
El más famoso de los cinturones indígenas es el Wampum de Hiawatha, de 500 o hasta mil años de antigüedad, que describe la alianza de las cinco naciones que crearon la confederación Iroquesa auspiciado por una figura mítica llamada “El Gran Pacificador” en New England/New York: Onondaga, Séneca, Cayuga, Oneida, y Mohawk, a la que se agregaría muchos años después la nación Tuscarora, convirtiendo las cinco naciones en seis dentro de esta confederación, la primera experiencia democrática y representativa regida por mujeres, ya que ningún hombre podía ser cabeza de tribu. Otro cinturón famoso es el llamado “cinturón de doble vía” que documenta el acuerdo de convivencia pacífica entre los indígenas algonquinos y los holandeses que arribaron a Nueva York, en lo que se denominó Nueva Ámsterdam, mucho antes de la transferencia de poder a los ingleses.
En 1794, se tejió el Wampum de Washington, o Wampum de Canandaigua, para sellar el tratado de las seis naciones iroquesas con el presidente George Washington y las trece colonias originales a partir de las cuales se gestaron los Estados Unidos, un tratado de enorme importancia, especialmente porque luego de la Revolución Americana, a medida que los blancos comenzaban a expandirse en territorios nativos, se organizaron rebeliones poderosas, por ejemplo, en Indiana y Ohio de la mano del líder de la nación Miami llamado “Tortuga Pequeña”, quien tomó las armas en contra de los blancos y hacia 1790 derrotó a sus soldados en varias batallas que esa comunidad recuerda con orgullo. De modo que había un interés especial de parte de Washington en sellar pronto un acuerdo de paz con los iroqueses y evitar que éstos se aliaran con los indígenas Miami y se extendiera la rebelión, poniendo en peligro la incipiente nación de colonos.
Retornando a la habilidad de los algonquinos en la creación de los Wampum, éstos eran tan codiciados que servían de base para el trueque entre ellos y los indígenas del norte, quienes, al vivir en zonas no costeras, como la mayoría de los iroqueses, no tenían acceso a estas joyas de la naturaleza. La gente de tierra adentro cambiaba pieles, piedra dura para la creación de armas y herramientas, tabaco y las famosas “tres hermanas” de la nación iroquesa –el maíz, la calabaza y los frijoles–, a cambio de estas preciosas conchas. La comunidad Shinnecock, en su reserva de Southampton, se maneja con sus propias leyes y costumbres aunque, desafortunadamente, como es el caso de otras comunidades indígenas que han sido diezmadas, acosadas y atomizadas a la fuerza desde la llegada del hombre blanco, han caído en el exceso de alcohol y sustancias exactamente igual como le pasa al resto de los norteamericanos de cualquier otra etnia cuando aumenta el nivel de estrés, ansiedad o depresión –diría yo, “las tres hermanas” que dañan la salud mental– sea por razones económicas, psicosociales o familiares. Digo esto para aclarar que esta problemática no es exclusiva de mundo particular de las naciones originarias sino un flagelo universal.
Si nunca tuvo la oportunidad de visitar el Powwow de los Shinnecock, se lo recomiendo categóricamente para así aprender un poco más y disfrutar de estas extraordinarias culturas que ya vivían en las Américas por milenios.
*El doctor Juan Carlos Dumas, psicoterapeuta, exprofesor universitario y educador público, quien además es colaborador de nuestro periódico desde hace cerca de 30 años, nos invita a su nuevo ciclo de segmentos culturales e históricos breves que pueden ser vistos semanalmente en varios sitios internáuticos como YouTube, Instagram, TikTok y Facebook. Con narraciones históricas y culturales breves dado el formato de estos medios, Dumas intenta reflejar aspectos diversos y originales de la historia y de la cultura de este mundo tan fascinante en el que vivimos, con el objetivo de que los participantes aprendan cosas nuevas y las disfruten también.
Bajo el título “Viajero con Historia”, invita al público a verlos y realizar comentarios en estos segmentos de una relevancia cultural a veces ausente en los medios. Dumas es de la opinión de que, sin historia, sin el conocimiento de las variables histórico-culturales desarrolladas a través del tiempo, perdemos en buena medida la comprensión plena de la realidad actual. Su proyecto, nos dice, aspira a reflejar la conexión entre lo histórico, lo artístico y lo cultural y aquellos elementos de la actualidad que se comprenden mejor desde el lente de la Historia.
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