Juan Carlos Dumas, Ph. D*

El rincón de los oradores o Speakers’ Corner se ubica en el hermoso Hyde Park de Londres y es el sitio más famoso del mundo en donde cualquier persona puede hablar, arengar y despotricar acerca de lo que quiera, incluyendo formular críticas a los funcionarios y políticos de turno y hasta la mismísima familia real. Es vox populi que el orador o la declamadora deben subirse a una tarima “para no pisar suelo inglés” –supuestamente para no mancillarlo con sus discursos ofensivos–, pero esto, como tantos otros decires populares, es solo un mito. De hecho, solo quedan prohibidos aquellos discursos de incitación al odio o a la violencia, que de todas maneras pueden escucharse en varios barrios londinenses dentro y fuera de la City, especialmente en estos días en los que el mundo parece haber retornado a los torbellinos y virulencias sociales de los años 60 y 70.

¿De dónde surge esta curiosa tradición de elegir precisamente este lugar para hacerlo foco de arengas y comentarios políticos, religiosos o sociales, especialmente los domingos? La respuesta es que aquí se erigía el árbol de la horca, el Tyburn Tree, que entre 1196 y 1783 se usó para realizar ejecuciones públicas y se les concedía a los condenados unas últimas palabras antes de tan terrible final. Allí, por más de 500 años fueron ahorcadas cerca de 50,000 personas, incluyendo el famoso Oliver Cromwell en el año 1661, el líder de la fallida ‘República Inglesa’ y el único ahorcado postmortem… También llamado el Lord protector del Commonwealth de Inglaterra, Cromwell tenía su título oficial como jefe de Estado, establecido en la primera Constitución escrita de Inglaterra luego de la ejecución del Rey Carlos I en 1649, una constitución republicana conocida como el ”instrument of government.”

El rey Carlos II, quiso vengarse por la humillante muerte de su padre ya que Cromwell, el aguerrido parlamentario, junto a otros 58 colegas, firmó la sentencia de muerte del rey y Carlos I fue decapitado. Una vez recuperado el reino y abatida la conspiración republicana parlamentaria que intentaba deshacerse de la monarquía inglesa – obviamente con menos éxito que la francesa de 1789–, Carlos II hizo desenterrar el cuerpo de Cromwell, lo colgó del añoso árbol, lo decapitó y luego exhibió su cabeza en una pica.

La cabeza de Cromwell estuvo expuesta por más de 20 años en lo alto del Westminster Hall de Londres para que sirviera de advertencia a los enemigos de la realeza, pero una noche de tormenta hacia 1680, un fuerte viento rompió el poste de madera que la sostenía y la cabeza cayó al suelo. Un soldado se la llevó a su casa y como de inmediato se prometió un castigo severo a quien la había robado, la cabeza del renegado estuvo oculta en su casa por el resto de su vida.

La cabeza de Cromwell se vendió unos años después en el mercado negro de reliquias y volvió a aparecer hacia 1710 en una galería de curiosidades –que eran muy frecuentes en la ciudad de Londres–, donde se exhibían también aberraciones de la naturaleza como animales con dos o tres cabezas, animales y personas con deformidades visibles, fetos con malformaciones que se exhibían en frascos con formol, y tanta otra cosa que agitaba la curiosidad del público como hoy en día tantos individuos siguen atentamente los escándalos y las peripecias de ricos y famosos, otra señal penosa de la bajeza humana cuando falta la debida educación y se desperdicia el valiosísimo tiempo de nuestras vidas en la más inútil de las intrascendencias.

Volviendo a nuestra perdida cabeza, unos empresarios de espectáculos de ferias de temas escabrosos la compraron y realizaron la exhibición con lo que quedaba de este líder puritano del siglo XVII. Allí pasó a manos de coleccionistas que la compraron cuando la llamada feria de curiosidades fracasó comercialmente. De hecho, en el siglo XIX circulaban varias cabezas de Cromwell porque era muy popular el acudir a espectáculos que aseguraban que esa era la verdadera cabeza de a este “hombre de hierro” que había querido destruir la monarquía británica. Finalmente, científicos y expertos corroboraron la autenticidad de sus restos y su último propietario, el Dr. Horace Wilkinson, la entregó a las autoridades en 1960. El 25 de marzo de ese año la cabeza fue enterrada en un sitio aún secreto cerca de una capilla de la Universidad de Cambridge, donde Cromwell había sido estudiante.

El Speakers’ Corner sigue siendo lugar de discursos religiosos, políticos, filosóficos o sarcásticos por el que circularon figuras revolucionarias muy famosas como Vladimir Lenin, uno de los padres del comunismo, líderes independentistas de países africanos, asiáticos y caribeños como Ghana, la India y Trinidad y Tobago, a medida que el poder del reino británico seguía debilitándose y se desmembraba un imperio que, bajo la longeva Reina Victoria de Hannover, tenía bajo su control la cuarta parte de la humanidad y la cuarta parte de toda la tierra firme del planeta. También pasaron por aquí Karl Marx, quien vivió por décadas en Londres y escribió su famoso tratado “El Capital” en la mismísima biblioteca del Museo Británico, y su gran amigo y soporte financiero durante sus largos años de hambruna, Friedrich Engels, el coautor con Marx del “Manifiesto Comunista.”

Una de las poquitas “leyes” de la psicología –ya que cada persona es un mundo y cada personalidad requiere un análisis singular donde no pueden aplicarse fórmulas fáciles–, dice sucintamente así: “agresión permitida es agresión disminuida; agresión reprimida es agresión aumentada.” Cuando hablamos, particularmente en términos de psicología psicoanalítica de “agresión”, nos referimos no a la violencia sino a la inclinación humana por el cambio, la de individuos, familias e instituciones, la renovación de estructuras dentro del cuerpo social, de modo que cuanta más represión ejerce una sociedad en la libre expresión de ideas y pensamientos, la agresión aumenta.

Las sociedades más inteligentes y educadas permiten a sus ciudadanos expresar lo que piensan y sienten, aunque estén en desacuerdo con el gobierno de turno o aún con la opinión de la mayoría. Por eso, las primeras cosas que boicotean y destruyen los déspotas son precisamente la educación, la información veraz y la libre expresión. El Speakers’ Corner es una válvula de escape, un vehículo de expresión como lo son los medios de información y comunicación públicas, los debates, las conferencias, y otros encuentros en los que se presentan ideas y a veces se proyectan aspiraciones de cambio a viva voz. Cuando estos canales se reprimen, cuando se censura a quienes opinan de manera diferente o, peor aún, se los asesina (vea usted la lista horrible de encarcelamientos y asesinatos de periodistas en varios países en pleno 2026), lo único que logran los tiranos es hacer crecer el malestar. De la misma manera, desde la psicología clínica vemos que aquellos niños o jóvenes a quienes constantemente se les está callando la boca o descalificando, tarde o temprano van a reaccionar de modo mucho más intenso: “Agresión reprimida es agresión aumentada.”

*El doctor Juan Carlos Dumas, psicoterapeuta, exprofesor universitario y educador público, quien además es colaborador de nuestro periódico desde hace cerca de 30 años, nos invita a su nuevo ciclo de segmentos culturales e históricos breves que pueden ser vistos semanalmente en varios sitios internáuticos como YouTube, Instagram, TikTok y Facebook. Con narraciones históricas y culturales breves dado el formato de estos medios, Dumas intenta reflejar aspectos diversos y originales de la historia y de la cultura de este mundo tan fascinante en el que vivimos, con el objetivo de que los participantes aprendan cosas nuevas y las disfruten también.

Bajo el título “Viajero con Historia”, invita al público a verlos y realizar comentarios en estos segmentos de una relevancia cultural a veces ausente en los medios. Dumas es de la opinión de que, sin historia, sin el conocimiento de las variables histórico-culturales desarrolladas a través del tiempo, perdemos en buena medida la comprensión plena de la realidad actual. Su proyecto, nos dice, aspira a reflejar la conexión entre lo histórico, lo artístico y lo cultural y aquellos elementos de la actualidad que se comprenden mejor desde el lente de la Historia.

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