Pasado y presente

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Por Juan Carlos Dumas, Ph.D.*
“La vida solo se puede comprender hacia atrás, pero la debemos vivir hacia adelante”
Søren Kierkegaard

 

Permítame explicarle por qué solamente un ignorante cree que el pasado, por pretérito, no tiene utilidad en nuestro presente y que ese pasado es inmodificable. En otras palabras, ya pasó, o como se dice coloquialmente, “ya fue”. A medida que maduramos y crece nuestro conocimiento del mundo, de la realidad circundante y de nosotros mismos, podemos, mejor dicho, debemos volver al pasado no sólo para rememorarlo si no, más importante aún, para retemplarlo, para reeditarlo, para encontrar los móviles externos e intrapsíquicos que nos llevaron a vivir lo que vivimos, a decir lo que dijimos, a actuar como lo hicimos en ese tiempo que, ya en el presente y dotados de mejor capacidad analítica, estamos revisando. Al mirar de nuevo este ayer aparecen noveles aprendizajes, estrategias de entendimiento y socialización, y un arsenal de cambios que usaremos mañana con la intención de hacer las cosas mejor, de superar escollos y re-crear un estilo de vida y convivencia de mejor calidad, seguramente con mayor prudencia, compasión y perspectivas menos miopes que las que sostuvimos en el ayer.

Este ajuste actual, este aggiornamiento que deviene de la revisión concienzuda de lo que ya fue es imprescindible para nuestra evolución individual y social, del mismo modo como la ignorancia y la desatención de nuestro mundo intrapsíquico nos entorpece, nos animaliza y disminuye nuestras posibilidades de desarrollo como seres humanos que, mal o bien, son capaces de nuevos aprendizajes a partir de lo vivido. Por otra parte, se nos haría imposible navegar el día a día sin un previo conocimiento de la realidad circundante, mismo que se sustenta en las experiencias y aprendizajes de lo ya experimentado, desde el nombre de las personas con las que interactuamos hasta acciones tan elementales como higienizarse, manejar un vehículo o comer. Enfermedades como la demencia de Alzheimer y lesiones cerebrales que afectan la memoria evidencian trágica e indiscutiblemente lo que digo. Descubrir los hilos conectores entre el pasado y el presente es tarea fundamental de todas las ciencias, en tanto que, por una parte, ellas se van reconstruyendo a partir de cambios paradigmáticos y reformulaciones a nuestra interpretación del mundo y de las cosas y, por la otra, dado que el presente es, ni más ni menos, una expresión puntual, un breve hálito, una onda cuyo origen precursor estás siempre ubicado más atrás y que, por ende, ya no existe.

Cada vez que pretendemos hablar del presente, focalizar nuestro pensamiento en él, asirlo como un éter sutil que nos envuelve, en realidad sólo logramos capturar el pasado, lo que ya fue. En este sentido, el presente no existe; lo que hay es una suma sucesiva de pasados, de datos imprescindibles para vivirlo y entenderlo antes de que vuelva a sumergirse en lo que ya no es, en la no-existencia. Una mariposa que no puede ser si alguna vez no fue crisálida; un pez que salta hacia la superficie del océano por un espacio de tiempo tan breve que nos hace dudar si realmente lo vimos o fue un espejismo de la mente.

Somos el pasado hecho estertor, la huella fresca de quien ya pasó, la chispa que, apenas percibida, vuelve a un universo de sombras. Y, sin embargo, no vivimos en el pasado sino en el presente, pero no habitamos el presente si alguna vez no fuimos pasado. He aquí el misterio, la pauta, la imperiosa necesidad de considerar el binomio pasado-presente como un unidad inextricable e inseparable. Por eso no me es difícil creer en los fantasmas, ni en la vida del más allá, ni en las premoniciones, ni en ese mundo fenomenológico que transita entre lo visible lo invisible, entre la existencia y la no-existencia, cual fabulosa creación del doctor Frankenstein que transita de la muerte a la vida dejándonos perplejos y en filosófico temblor a la Kierkegaard. Mire, si no, cómo un pasado no existente afecta, define, modela, acota y expande nuestro presente, éste que será pretérito en el segundo mismo que lo nombramos. La tarea de vivir el hoy sin elandamiaje del ayer es, material y funcionalmente imposible; por ello insisto en auscultarlo desde la Psicología y desde la Historia, como un ingeniero prudente que revisa periódicamente la estructura que ha creado, sus pilares y vigas para evitar desastres como el puente peatonal de esa universidad en Florida. Pero eso es otra historia.

*Juan Carlos Dumas es psicoterapeuta, escritor y profesor de postgrado de la Universidad de Long Island. Consultor en Salud Mental para la Secretaría de Salud y Servicios Humanos, preside el Comité de Asesoramiento en Salud de North Manhattan y el Centro Hispano de Salud Mental en Jackson Heights, Queens.       

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